Historia

(Pulsa sobre la foto para ver el Clip “10 años de Taller”, sobre la historia de Juan del Enzina Teatro)

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En el año 1996 se pone en marcha un taller de teatro dentro de las actividades extraescolares del centro I.E.S. Juan del Enzina, ubicado en la ciudad de León (España), patrocinado por el propio instituto y la A.P.A. del mismo y con la dirección de Javier Rodríguez de la Varga.

Es en el año 2001 (tras su participación en el VIII Festival Escolar Europeo de Teatro en Español –Brno, República Checa-) cuando se reestructura, sin perder el carácter de taller, como grupo de teatro aficionado juvenil en un proyecto en el que convive lo educativo y lo escénico y en el que, por un lado, la estructura de dirección, producción y espacios es estable y, por otro lado, los componentes del grupo van pasando por él a lo largo de su estancia en el centro –una media de dos o tres años por alumno-.

En los últimos años JUAN DEL ENZINA TEATRO ha ido intensificando su actividad escénica y su presencia en muestras y festivales, recibiendo un buen número de reconocimientos. Del mismo modo, ha  colaborado con distintas instituciones y organizaciones sociales.

En todos estos años el grupo ha montado una veintena de espectáculos y más de 250 alumnos han formada parte de él.

En 2007 incorpora a su quehacer teatral la creación escénica de “Antonio Gamoneda. El aliento del frío” un recital multidisciplinar sobre la vida y la obra del genial poeta nacido en Oviedo, pero afincado en León desde niño. Esta iniciativa tuvo su continuidad en 2008 con “ Victoriano Crémer. Las palabras de 100 años” que repasó la apasionante vida del fundador de Espadaña.

Estos recitales han sido los primeros de una lista que se quiere aumentar con el homenaje anual del instituto a un escritor de la tierra o relacionado con León. En 2009 será Antonio Pereira, la persona sobre la que girará este homenaje en el que gran parte de la comunidad educativa participa activamente.

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NEGRO ESPERANZA

Es hermoso mirar atrás y recordar las paredes blancas del escenario, aquel zulo camerino-cuarto técnico en el que los nervios se hacían sudor. Tiempos en los que los chicos se apuntaban al taller para ligar y los artistas tenían que salir del salón para ir al baño.

Era el curso 1996-97. Pedro Blanco luchaba en claustros y consejos escolares para que el centro tuviera un taller extraescolar de teatro y Héctor Alonso hacía campaña entre sus compañeros para poder iniciar la actividad. Lo consiguieron. El taller se puso en marcha entre butacas de madera y las viejas tablas que hoy yacen bajo la tarima negra de un escenario adolescente que aspira a convertirse en teatro. No sé los Caminos de Santiago que podríamos recorrer con los pasos de los más de 250 alumnos que han andado, corrido y sentido en este pequeño astillero de sueños.

En Junio de 1997 el taller se presentaba al público con dos obras: “El extraño caso del Doctor Alquitrán y el Profesor Pluma” de Andrés de Lorde y “Asesinado por el Cielo” (a partir de textos de F.G. Lorca). En los años siguientes el taller se consolidó y creció con Layla Ripoll, Heiner Müller, Esquilo, Lorca… y el salón de actos seguía cambiando. La mesa de luz bajó del palomar, llegaron las butacas de escay y las viejas cortinas se transformaron en la capa roja con la que Perlimplín cruzaba el jardín para sangrar su amor por Belisa. Sesión a sesión, hora a hora, ensayo a ensayo el taller salía de si mismo para viajar a Brno, Bratislava, Carrizo, Valladolid…, pero más importante: salía de su bendito destierro en el teatro para encontrarse con el centro. Cada montaje tenía que superar al anterior y cada año, poco a poco el salón de actos del antaño instituto femenino se ha ido transformando un poco más en teatro y el escenario se vuelve más negro ilusión presupuesto a presupuesto.

Hoy Pedro sigue siendo ese duende travieso y libre que acompaña, anima y apoya al taller y Héctor se ha convertido en dramaturgo del grupo y pieza clave en los retos de los últimos trabajos. Año a año, sin prisas, ni alardes Juan del Enzina Teatro se ha convertido en un referente para el centro y un símbolo del instituto hacia afuera.

Para mañana el negro de la escena quiere seguir siendo manto que arrope la luz y la penumbra de cada representación y caja de música donde guardar las emociones de los ensayos y el sonido del silencio tras los aplausos, cuando el público se va. Gracias a cada una de las personas que me han dado la oportunidad de crecer aquí como titiritero (así me llaman mi madre y mi chica) y como persona. En especial, gracias a Maxi Barthe por su apoyo, a Pedro Blanco por creer en mí, a Héctor Alonso por estar al principio y aparecer cuando la nave zozobraba y por encima de todo a cada uno de los corazones que han palpitado en el taller a lo largo de estos años.

JAVIER R. DE LA VARGA

Junio 2007

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